lunes, marzo 20

Pink trees

Hoy pude escuchar, por accidente, a una señora llorando porque su pareja de hace 23 años la había dejado por una mujer mayor que ella. Mi mamá trataba de consolarla.
Siempre hay algo de dolor en una ruptura, y aún más cuando hay alguien que "deja" al otro alguien. Es inevitable ese golpe al amor propio y esa sensación de tiempo perdido. Pero, como leí en alguna frase por ahí: no hay nada romántico en tener que convencer permanentemente a alguien de que se quede contigo, o en convencerte a tí mismo de que esa persona es para tí. No soy la persona más adecuada para hablar de este tema, pero creo y siento, que cuando esa persona es para tí, no tienes que forzar nada, no tienes que convencer a nadie, ni retener, ni cuidar. Esa persona te amará y se quedará aunque tengas 40 años y estés divorciada. Como en La mujer que el rey amó, sobre Wallis Simpson y Edward VIII, otro de los libros que compré en el bazaar, y que comenzaré en lugar de el de Agustín. 
Este tipo de puntos de quiebre son violentos, decepcionantes, pero abren un mar de posibilidades. Nunca había tenido el cabello tan largo y las esperanzas tan altas. Nunca los árboles se habían visto tan rosas.

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